
Debido al lo que estaba ocurriendo en México, mi familia y yo decidimos salir del país e irnos a España, pues pensabamos que ahí estaríamos más seguros. Sinceramente, pensé que iba a tener que pasar por muchos controles tanto al salir del país como al llegar a Barcelona, pero mi sorpresa fue que no hubo ninguno.
Estaba temerosa de lo que pudiera suceder ya que yo llevaba días con un poco de tos y pensé que esto podría retrasar el viaje, pero no. Lo único que tuve que hacer fue llenar un pequeño cuestionario en donde preguntaban si había presentado alguno de los síntomas asociados a la influenza (temperatura mayor a 38 º, dolor de cabeza, tos, escurrimiento nasal) y entregarlo al personal de seguridad del aeropuerto, pero lo curioso es que ni siquiera se tomaron la molestia de leerlo, eso si, todos llevaban tapabocas y guantes.
Al subir al avión, observe que toda la gente llevaba tapabocas, tanto la tripulación como los viajeros. Y ya sentados en nuestros respectivos lugares, nos repartieron sobres que con gel desinfectante, pues recordemos que una de las medidas más recomendables es lavarse las manos continuamente.
Y así empezó un largo viaje de aproximadamente 11 horas, durante todo el trayecto pude darme cuenta que nadie se quito las mascarillas, pues sinceramente pienso que todos íbamos con cierto temor, pues eran muchas horas y lo cerrado del avión no era lo más recomendable por los especialistas, pero aun así muchos de los pasajeros eran de nacionalidad española y en el único lugar en donde se podían sentir tranquilos era en su país, así es que decidieron tomar el riesgo.
Antes de llegar, nos repartieron una hoja que era una especie de filtro sanitario con las mismas características que el que llene en el aeropuerto de la Ciudad de México y un teléfono de contacto en España por cualquier circunstancia. Cuando salimos del avión se lo entregamos a los guardias civiles que nos esperaban en la puerta y por segunda vez, me di cuenta de que no los leyeron. Esto me hace pensar que se trataba de un mero trámite ya que si de verdad alguien tenía alguno de los síntomas, no lo tomaron en cuenta y todos entramos sin ningún problema. Además lo curioso es que llegamos a Barcelona, en donde justo se había detectado el primer caso de influenza y ni siquiera por eso, tomaron medidas.
En el aeropuerto, nadie llevaba tapabocas, solamente los que bajamos del avión y al ver a la gente que nos miraba con extrañeza, decidimos quitárnoslos por aquello de la discriminación a los mexicanos.
Finalmente, el viaje fue bastante tranquilo. Puedo decir que no sufrí de discriminación en ningún momento y lo único que percibí fue una gran preocupación por parte de los españoles sobre la situación en México, pues según me comentaron las noticias provocaron una especie de alarma social, cuando en realidad, al menos para mi, no era tan grave como lo hicieron ver los medios.